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Sociólogo de la Universidad Nacional de Colombia, ensayista y escritor. Ha escrito diversos artículos y libros académicos y varias obras de ficción literaria como las novelas “Cuando el demonio ama” o “Observar la realidad a través del deseo”, algunas de las cuales se encuentran traducidas al inglés. Gran parte de su obra académica dentro de las ciencias sociales, se encuentra en su perfil de Editorial Grin.com.

Las psicopolíticas de la sexualidad y la burbuja del confort

Gran parte de nuestra teoría social actual nos ha hecho caer en la cuenta de que la globalización condiciona a las masas inculcándoles a las personas ciertos comportamientos y ciertas miradas muy específicas ante el mundo y ante la vida. Ello, se dice, sucede así en muchos de los campos de lo social (Sloterdijk: 2007), y se puede encontrar incluso en la misma forma en la cual se comprenden las diferencias de género y la misma sexualidad humana.

Las psicopolíticas de la sexualidad y la burbuja del confort

Así es, el mundo y, en general, las más grandes e importantes instituciones, influencian hoy por hoy de una y mil formas distintas a las personas. Una afirmación que tiene un muy fuerte asidero en una muy variada y diversa gama de analistas de lo social e incluso con la misma opinión común. Al respecto, cabe agregar, no es nada raro que se utilice el slogan de la lucha contra el terrorismo, por ejemplo, para justificar ciertas acciones militares y de esa forma ganar la simpatía de ciertos ciudadanos, más exactamente de los ciudadanos que pertenecen a los gobiernos que dicen ser abanderados de la democracia y la justicia (Quesada: 2010). Es decir, bien podríamos aventurarnos a decir que por medio de discursos, los gobiernos, las grandes corporaciones e incluso las grandes instituciones supranacionales como la ONU, la OTAN, el FMI e incluso la OIM , inculcan no solo ciertas ideas sino ciertas emociones y sentires ante la forma en la cual apreciamos la realidad social.

En torno a esto habría que dejar claro un punto muy importante, un punto que podría llegar a resultar sumamente crucial: el mundo actual no solo influencia la forma en la cual vemos una guerra, con el fin de que la que lleguemos a comprender ya sea como algo justo y “bueno” o como algo injusto y “malo”, sino que este mundo globalizado también influencia notablemente la forma en la cual apreciamos muchas de las más importantes dimensiones humanas, entre ellas, la sexualidad. De hecho, el mundo de hoy no solo puede influenciar la forma en la cual apreciamos la sexualidad sino la forma misma en la cual se construyen y se hilvanan las diferencias sociales de género. Y no sólo en la forma en la cual entendemos la sexualidad estos días que corren, si no en la manera o en la perspectiva misma desde la cual comprendemos el desenvolvimiento la sexualidad a través de la historia. Cabe decir, en torno a este punto, que este hecho de que las instituciones puedan o no influenciar en el comportamiento de las personas, ya ha sido materia de análisis en el campo de lo social. Así, por ejemplo, tenemos que:

Es la naturaleza convencional de las instituciones y de las prácticas sociales lo que determina el comportamiento colectivo. Por esto, la comprensión de la conducta individual requiere un análisis del contexto institucional en el que ocurre y del diseño cultural subyacente, y requiere un estudio de las prácticas culturales para identificar las funciones involucradas en dicho diseño (Sandoval, 2012, 183).

Las pscicoplíticas de la sexualidad y la burbuja del confort ante particularismos y sesgos de género

Las psicolopolíticas de la sexualidad bien pueden llegar a ser entendidas como aquellas construcciones discursivas y simbólicas planteadas y desplegadas para influenciar siquiera un poco los sentimientos y el comportamiento de las personas en el ámbito de lo sexual. Acerca de ellas, hay que decir que muchas de dichas construcciones afectan nuestra mirada o nuestra forma de ver las cosas ante la cuestión del género ya sea de forma manifiesta o de forma latente. De este modo, tenemos que dichas construcciones no operan siempre de forma totalmente explicita y directa sino que muchas de ellas actúan a la manera de lo que Robert Merton (1987) llegó a nombrar como “funciones latentes”. De esta forma, gran parte de la manera en la cual se experimenta la sexualidad actual tiene ciertas funciones que regulan el comportamiento entre las personas. Una de esas funciones latentes, entre las muchas que hay, y quizás una de las más importantes, bien podría ser la de mantenernos en una determinada ilusión o burbuja de confort.

Dicha metáfora de la burbuja, tomada de las teorías de Sloterdijk (2007), hace alusión a una forma de control social, por la cual se les brinda a las personas, en este caso que nos compete, el máximo confort sexual posible o de artículos o servicios que puedan procurarlo, para mantenerlas a ellas en una burbuja de comodidad. Ahora, que si no se puede lograr dicho confort, también se puede brindar su resentimiento para mantener la fuerza vital de las energías trasgresoras ocupadas en un gran número de frustraciones. Sloterdijk (2007), por ejemplo, en su teoría de la burbuja del confort, sostiene que a gran parte del mundo se le está brindando una ilusión de confort, y que los deseos de las personas están siendo sometidos o por lo menos dirigidos hacia la immanencia del poder de compra.

Otra de aquellas funciones latentes, por cierto, que concierne a la forma en la cual las grandes instituciones con sus diversos programas sociales entienden la sexualidad, bien podría ser la de mantener una disputa o un resentimiento o una marcada diferencia social en pro de ciertos beneficios para ciertos grupos. Al respecto, bien podría llegar a asegurarse que ciertas visiones de género lo único que hacen hoy por hoy es dividir a la humanidad en grupos determinados, en lugar de unirla como una sola familia dentro de una verdadera ética de la igualdad y la reconciliación. Es decir, bien podría estarse presentando el hecho de que ciertas visiones de género sólo sirvan para alimentar ciertas ideologías y ciertos intereses particularistas incluso en el ámbito político (Guerrero Ramos: 2014).

De esta forma, no es nada raro encontrar que las principales instituciones de hoy en día fomenten, entre muchas otras visiones, por ejemplo, cierta misandria sustentada en bases históricas, para lograr con esto que gran parte de la lucha por la justicia social se traslade al campo de género, dejando otras instancias estructurales generadoras de pobreza y precariedad en un segundo plano. De hecho, muchos estudios académicos contribuyen incluso a reproducir dicha misandria, o bien cierto resentimiento en pro de una división de lo sexual, estudios que afirman por ejemplo que son los hombres quienes causan la existencia de la prostitución ya que es la oferta la que genera la demanda. Este, como bien se puede ver, un sesgo evidente que se encuentra en importantes autores como Donna M. Hughes, entre muchos otros analistas de lo social, en cuya gran parte de sus teorías u opiniones al respecto, se han reducido u obviado muchas otras variables estructurales (variables como la de la pobreza o como la misma lucha por el estatus como generadoras de prostitución), y que de forma prejuiciosa ven a priori dicho fenómeno, es decir, el fenómeno de la prostitución, como algo esencialmente negativo y como algo que sólo afecta a las mujeres. En un asunto de custodia familiar, para profundizar más en este ejemplo de una leve misandria, las mujeres llevan hoy por hoy cierta ventaja, ya que la maternidad ha sido asociada con ideas de bondad y cuidado, mientras que un hombre, en dicho terreno, por más buen padre que sea, bien podría perder la custodia de sus hijos.

Para finalizar: algunos aspectos para futuros debates en torno a las psicopolíticas de la sexualidad

Puede que en países como Irak la mujer tenga un puesto más que desventajoso y sumido a represiones varias, y que incluso se estén discutiendo leyes en dicho país, para regular el matrimonio de niñas de menos de trece años. Pero en el mundo occidental contemporáneo, a pesar de que muchas mujeres sustentan gran parte de la economía global en los sectores del cuidado, ellas, a todos los efectos, y muy en general, también son, y hay que tenerlo en cuenta, grandes compradoras y grandes impulsoras de la industria de consumo (a propósito de este punto, hay que decir que muchos autores que hacen estudios de género, algunos muy reveladores y rigurosos como los de Saskia Sassen, basados en el paradigma de la feminización de la supervivencia, parece olvidárseles que muchos hombres también trabajan en sectores precarios). Muchos sectores de la industria, incluso, están dedicados específicamente a las mujeres. Y en la actualidad son un importante sujeto a quien brindar ya sea el confort o el resentimiento sexual (muchos fenómenos literarios como el de Cincuenta Sombras de Grey, bien pueden estar cumpliendo un papel de confort y liberación del deseo sexual en el campo de lo femenino, que es donde ha tenido mayor acogida. Se dice, por ejemplo, en el capo de lo masculino, que la pornografía de Internet ha tenido la función latente de hacer, de acuerdo con Michael Casteman (2009), que haya una significativa reducción de las enfermedades sexuales, una reducción de los divorcios, de los embarazos de adolescentes y de hacer, además, que los hombres permanezcan en casa en lugar de estar fuera actuando irresponsablemente).

Ya por ultimo solo cabe recordar, en torno a la cuestión tratada, que el fin del presente artículo, más que el de mostrar una teoría acabada acerca del problema que hemos mencionado, era el de invitar al debate y a la reflexión sobre estos temas en específico. Invitar al debate y a la reflexión sobre la manera en que las grandes instituciones y también los medios de comunicación nos influencian no solo para que sintamos ciertas ideas y emociones ante situaciones o guerras determinadas, si no ante la forma en la cual entendemos nuestra propia sexualidad. La idea, de esta forma, es la de llegar algún día a un futuro donde se combata la desigualdad de todo tipo tanto en el ámbito público y privado, y sin ideologías que saquen partido de dichas luchas, y sin descuidar por ello el combate que también debe hacerse ante cuestiones como la pobreza, el analfabetismo y la miseria en sus aspectos más estructurales.

Articulo del Columnista del Blog Ssociólogos Miguel Ángel Guerrero Ramos

Bibliografía:

 Castleman Michael, (2009). Does Pornography Cause Social Harm? Porn causes no measurable social harm. Published on April 27, 2009 All About Sex. http://www.psychologytoday.com/blog/all-about-sex/200904/does-pornography-cause-social-harm

Merton Robert King, (1987). La Teoría Y Estructuras Sociales. Editorial. Fondo de Cultura Económica. México.

Hughes, Donna M. (2002). “The Corruption of Civil Society: Maintaining the Flow of Women to the Sex Industries,”  Encuentro Internacional Sobre Trafico De Mujeres Y Explotacion, Andalusian Women’s Institute, Malaga, Spain, 23 September 2002

Quesada Castro, Fernando (2010). Las nuevas guerras del siglo XXI. Proemio

Crisis 2007-2008: nuevas formas de guerra. RIFP / 35 pp. 99-116.

Sandoval Escobar, Marithza. (2012). Comportamiento sustentable y educación ambiental: una visión desde las prácticas culturales. Revista Latinoamericana de Psicología Volumen 44 No 1 pp. 181-196.

SLOTERDIJK, Peter, El Mundo Interior Del Capital: Para Una Teoría Filosófica de la Globalización, Editorial Siruela, Madrid, 2007.

Guerrero Ramos, Miguel Ángel (2014), De cómo el término “género” se ha ido convirtiendo en una categoría conceptual inmersa en influencias de poder e intereses particularistas, Múnich, Editorial GRIN GmbH, http://www.grin.com/es/e-book/267333/de-como-el-termino-genero-se-ha-ido-convirtiendo-en-una-categoria-conceptual

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