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Michael Neudecker, periodista y politólogo, profesional de la comunicación política de origen alemán. Su experiencia profesional ha transcurrido hasta el momento en el ámbito de las corporaciones locales, el parlamento regional de Madrid y la redacción de El País donde aprendió su oficio. Ha colaborado como analista en diferentes páginas web y mantiene dos blogs personales donde escribe sobre historia (La Vida de los Años http://vidayeltiempo.blogspot.com.es/) y sobre análisis político y de comunicación (Las Reglas del Juego http://mneudecker.blogspot.com.es/).

Empieza 2014: un nuevo periodo electoral

En 2014 se celebrarán las elecciones al Parlamento Europeo. Son las primeras elecciones en España previas al gran año 2015 con sus citas municipal, regional y nacional. 2014 será también, previsiblemente, el año en el que los grandes partidos van a tomar las decisiones más importantes sobre su liderazgo inmediato. En definitiva, tras dos años de pausa, vuelven a encenderse los motores electorales.

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En España los que siguen con interés los acontecimientos de la política suelen tener dos años tranquilos seguidos de dos años de intensa actividad. El hecho central alrededor del cual gira todo es la cita electoral, ya sea a nivel europeo, local, regional o nacional. Los españoles votan cuatro veces cada cuatro años, y esas votaciones se suelen concentran en un espacio de año y medio. Es un tiempo frenético en el que el gobierno de turno trata de rentabilizar su gestión y la oposición sale de la confrontación en el ámbito estrictamente institucional para demostrar su influencia y presentarse como una alternativa real de poder. Todo el mundo enseña sus músculos y trata de presentarse con el mejor aspecto posible para ser elegido.

Pero antes de presentarse de nuevo en público, los partidos –independientemente de su color y de su magnitud- se enfrentan también a un periodo de confrontación interna, más o menos velada, en el que deciden quienes de sus líderes asumirán la responsabilidad de representarles en las elecciones.

Después de las elecciones generales de noviembre de 2011 y de las locales y regionales de mayo de ese año, en 2014 empiezan a calentarse de nuevo los motores electorales. La próxima cita serán las Europeas de mayo que servirán de punto de análisis fundamental para el resto de citas electorales. A partir de entonces, ¿qué les espera a los cuatro partidos con mayor representación a nivel nacional?:

Partido Popular:

Las elecciones locales y regionales de mayo de 2011 proporcionó al PP el mayor poder institucional jamás logrado por un partido en la reciente democracia española. Consiguió el 46% de las alcaldías de los municipios españoles, el 60% en las ciudades de más de 50.000 habitantes y todos los gobiernos regionales que se votaban en ese día excepto Asturias. (Galicia, Euskadi, Cataluña y Andalucía tienen otras fechas electorales). En noviembre de 2011 ese ‘tsunami’ electoral se confirmó con una mayoría absoluta de 10,8 millones de votos (44,6%) y 186 diputados en el Congreso.

Hoy, sin embargo, esa enorme ventaja se ha desinflado. El PP encara 2014 con una enorme fuga en la intención de voto. Según las últimas encuestas electorales la pérdida de escaños prevista llega hasta los 50 escaños, según el barómetro de GESOP publicado el pasado 5 de diciembre en El Periódico. Metroscopia cifra esa pérdida en 40 escaños en una encuesta publicada el 1 de diciembre de en El País; y GAD 3 prevé una pérdida de 36 escaños en una encuesta publicada por Antena 3 el pasado 20 de noviembre. Hablando en porcentajes, el PP perdería un 10,7% de sus votos según Metroscopia; un 14% según SIGMA DOS (publicado en El Mundo el pasado 20 de noviembre); y un más de un 12% según el Barómetro del CIS de octubre. En resumen, el PP se está desangrando.

Está en riesgo mantener con vida el poder recientemente conseguido, sobre todo en lugares que cuentan con ser bastiones electorales seguros para el PP en los últimos años. Por ejemplo Madrid. Según una encuesta de Metroscopia publicada el pasado mes de junio, el PP podría perder la mayoría absoluta en la capital y con ello el poder si los tres partidos de la oposición (PSOE, IU y UPyD) logran ponerse de acuerdo. Lo mismo ocurre con la Comunidad de Madrid. Tras una serie ininterrumpida de mayorías absolutas desde 1995, el PP corre el riesgo de desmoronarse hasta el 35%, también según Metroscopia (mayo 2013).

No es de extrañar que con estas previsiones se comience a especular con un cambio de plantel para sustituir a la alcaldesa Ana Botella y al presidente madrileño Ignacio González. Pero este cambio no será pacífico, teniendo en cuenta las fracturas internas en el PP. El partido de Madrid no se ha caracterizado precisamente por su cercanía y lealtad a Mariano Rajoy ya desde tiempos de Esperanza Aguirre (que sigue siendo la presidenta del partido madrileño y con ello se reserva cierto poder orgánico). El único interés en común que podía unir el trabajo del partido, Eurovegas, se ha caído estrepitosamente y con él la única excusa para no comenzar las hostilidades.

¿Por qué tendría Rajoy que mantener en la candidatura a un Ignacio González cuya esposa está imputada por corrupción y que da unos resultados nefastos en las encuestas? ¿Y a una Ana Botella que se ha convertido en un hazmerreír constante y además es la esposa de su rival real en el PP, José María Aznar?  Pero, si no son ellos, ¿quién podría ser candidato? Ya suenan algunos nombres, como el de la delegada del Gobierno en Madrid y ex diputada regional del PP, Cristina Cifuentes. Ella lo niega, pero en la misma entrevista en RNE en la que se descartó entonó un decidido discurso crítico con el anteproyecto de Ley del Aborto presentado por el ministro Ruiz-Gallardón. ¿Un ataque al archienemigo de su antigua protectora Esperanza Aguirre o un guiño a sus futuros votantes?

Precisamente esta Ley del Aborto se ha interpretado como una ley dirigida a contentar a los votantes más extremos a la derecha del PP para que no abandonen el barco o vuelvan a él. A esta ley se suman otras muy polémicas que han provocado una enorme contestación social, como la Ley de Seguridad o la LOMCE. Son leyes con un claro sabor ultraconservador que toca los temas clave para el electorado más de derechas: el aborto, la confesionalidad en las escuelas y la seguridad. El miedo de la cúpula del PP al abandono de estos votantes y la posible creación de un partido a la derecha es aparentemente tan grande, que no importa el desgaste entre el electorado moderado y de centro.  

Por lo tanto, en 2014 el PP tendrá que hacer frente a la dramática caída de la intención de voto, a evitar que a su derecha se forme un partido de descontentos que pueda mermar su poder institucional a largo plazo, y a un previsible enfrentamiento interno por la renovación de una gran parte de sus candidatos en las plazas más importantes, sobre todo en Madrid. 

PSOE:

Los socialistas fueron los que sufrieron las consecuencias del ‘tsunami’ del PP en 2011 con la correspondiente pérdida de poder. En mayo de ese año aún gobernaban en La Moncloa, pero la nefasta imagen del entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero, así como la gestión que se le atribuía de la crisis, hundieron al Partido Socialista. En las elecciones locales y regionales de mayo de 2011 el PSOE solamente logró el gobierno de Asturias (junto a IU y a UPyD), pero perdió Aragón y los feudos históricos de Castilla La Mancha y Extremadura. En total, el PSOE perdió más de 1,4 millones de votos y gobierna en sólo nueve capitales de provincia frente a  34 el PP. En noviembre de 2011 este desastre electoral se vio confirmado en las elecciones generales, en las que el PSOE consiguió 6,9 millones de votos (el 28,73% del total) y sólo 110 escaños, 59 menos que en las anteriores elecciones de 2008.

Dos años después, los socialistas se enfrentan al año 2014 con una esperanza: parece que su caída ha parado y se percibe una ligera mejora en sus expectativas de voto. Metroscopia (El País del 1 de diciembre 2013) prevé 131 diputados socialistas (con el 31,5% de los votos) y GAD 3 (Antena 3 el 20 de noviembre de 2013) dice que serán 122. Por otro lado, hay quien ve incluso una ligera caída, como el CIS (Barómetro de octubre 2013) que prevé una intención de voto del 26,8%, dos punto menos que en las elecciones; SIGMA DOS (El Mundo del 20 de noviembre 2013) que prevé un resultado del 27%; o GESOP (El Periódico 5 de diciembre 2013) que prevé una pérdida de entre dos y seis diputados. Ligera subida, estancamiento o ligera caída, en todo caso, el PSOE parece que ha llegado a su tope y no es previsible una mayor caída. 

 

Esto abre la puerta a los socialistas a concentrarse en un discurso de recuperación de los votantes y de regeneración de las siglas como marca electoral. El primer paso ya se ha dado con la celebración de la Conferencia Política el pasado mes de noviembre, en el que el protagonista era el partido y sus contenidos, y el objetivo era recuperar a los militantes y votantes ideologizados de izquierdas y descontentos con el PSOE por su gestión hasta 2011. El segundo paso es el de la elección del liderazgo. El Comité Federal del próximo 18 de enero pondrá fecha a las primarias abiertas en las que, por primera vez en España, no sólo los militantes sino cualquier ciudadano interesado, podrá elegir entre los diferentes candidatos. Con esta elección se trataría de cerrar así la herida con el electorado abierta en 2011 y recuperar la legitimación en el terreno del discurso democrático, siempre que el partido aguante el resultado con disciplina.

Sin embargo, donde está la verdadera oportunidad del PSOE de regresar a posiciones de poder es en sus posibilidades negociadoras con otros partidos. La hemorragia de votos del PP no tiene como consecuencia una subida correspondiente subida de votos en la izquierda. El fenómeno del ‘balancín electoral’, por el cual los votos de centro iban y venían de manera natural entre los dos partidos, se ha roto. La pérdida de votos por el PP no se refleja en más votos para el PSOE. Pero sí en la pérdida de mayorías absolutas de la derecha en ayuntamientos y gobiernos autonómicos que dan la oportunidad a los socialistas a ocupar el poder, eso sí, negociando en la mayoría de los casos a tres bandas con IU y UPyD. Es lo que podría pasar con los ejemplos ya mencionados del Ayuntamiento de Madrid y de la Comunidad de Madrid.

En resumen, el PSOE comienza 2014 con la certeza de que su caída electoral ha cesado, lo que le permite reagruparse y rearmarse para tratar de recuperar terreno. Las primarias abiertas para elegir al candidato a las elecciones nacionales (sin contar otros posibles procesos) se celebrarán con casi toda seguridad este año con el objetivo de reforzar el discurso democrático y recuperar la relación con los votantes desencantados. De todas formas, independientemente del número de votos que los socialistas puedan recuperar en el próximo año, la hemorragia del PP y su pérdida de mayorías absolutas abre la puerta al PSOE a recuperar gran parte de su poder institucional municipal y regional mediante la negociación con IU y UPyD.      

Izquierda Unida:

Izquierda Unida se benefició claramente del hundimiento del PSOE en 2011. En las elecciones locales y regionales de mayo de 2011 consiguió más de 1,4 millones de votos, unos 200.000 más que en la anterior cita electoral. Su poder regional se vio además incrementado con su apoyo al nuevo gobierno del PP en Extremadura, prefiriendo apoyar la entrada al Gobierno de la derecha antes que mantener a los socialistas. En las elecciones generales de noviembre de 2011 esa subida electoral se vio confirmada consiguiendo más de 1,6 millones de votos, el 6,9% del total, y 11 escaños, nueve más que en 2008.

Pero la verdadera sensación de euforia en IU se basa en los resultados de las encuestas. Según todas ellas, esta formación política sube como la espuma en comparación a los resultados de noviembre de 2011: Hasta 34 escaños según GESOP; hasta 25 según Metroscopia con el 12% de los votos; 16 escaños según GAD 3; hasta el 13,4% del total de los votos según SIGMA DOS; y hasta el 11,3% según el Barómetro de octubre del CIS.   

Aunque estas cifras siguen siendo muy buenas teniendo en cuenta los resultados reales cosechados por IU, el optimismo de esta formación se ve atenuado si se compara los pronósticos actuales de las encuestas con lo que decían hace cinco meses: En el sondeo de Mestroscopia de agosto de 2013 IU tenía una intención de voto del 16,2%, cuatro puntos más que en la última encuesta, lo que hubiese correspondido a 48 diputados, 14 menos que en diciembre. También GAD 3 daba más escaños a IU en septiembre que ahora, en concreto 11 más que en su última encuesta en noviembre. GESOP también predijo en julio de este año que IU tendría hasta 18 diputados más que su sondeo cinco meses después. Es decir, parece que el crecimiento de IU con respecto a los últimos resultados electorales será muy importante, pero bastante menos de las expectativas despertadas por las encuestas en los últimos dos años.

Desde la llegada de Cayo Lara a su liderazgo, Izquierda Unida ha apostado por un discurso de confrontación con el PSOE para tratar de arrebatarle el electorado ideológico de izquierda. En 2011 ese discurso tuvo mucho éxito si se observa el trasvase de votos, lo que ha propiciado que IU haya preferido mantener su confrontación con los socialistas e incluso aspirar a convertirse en el partido principal de la izquierda, pesar de que el gobernante ya no es el Partido Socialista sino el PP. Esto ha provocado algunas situaciones que podrían calificarse como paradójicas, ya que para demostrar que es más de izquierdas que el PSOE, IU se niega a trabajar con los socialistas en muchos lugares aunque eso signifique que el principal beneficiario sea el PP. Eso ha pasado en Extremadura, donde el PP gobierna gracias a IU, y en Alcalá de Henares, donde una moción de censura al alcalde del PP con los votos de PSOE y UPyD fracasó debido a la negativa de IU de apoyarla.

Por otro lado, en 2014 parece que el crecimiento de las expectativas de IU se va a moderar, de la misma manera que la caída del PSOE se ha frenado y es de esperar una mejora de su intención de votos. Esto, unido a la caída en barrena del PP, abre la posibilidad de que en un futuro no muy lejano IU tenga que tomar decisiones de pacto con el PSOE a pesar de su discurso. ¿Pactará con los socialistas para conseguir la Alcaldía de Madrid o la Comunidad de Madrid, por ejemplo? Históricamente ha sido así, y no es la primera vez que IU ha cambiado su discurso para colaborar con el PSOE a la hora de llegar al poder. No hay que olvidar que en Andalucía IU apoya el gobierno socialista nacido en 2012.

En todo caso, IU tendrá que elegir: pactar con los socialistas en un futuro, lo que desencantará a los sectores más ‘puristas’ muy movilizados y eufóricos por los resultados hasta el momento. O mantener su independencia del PSOE permitiendo gobiernos del PP en minoría, lo que sería muy difícil de explicar a la mayoría de los votantes. En todo caso, ambos escenarios supondrán momentos conflictivos en el seno de IU, cuyas primeras decisiones al respecto tendrán que tomarse en 2014.

IU se enfrenta en 2014 a una moderación de sus expectativas electorales y a la apertura de un debate interno ante la pregunta fundamental que deberá responder en 2015: ¿Pactos con el PSOE y llegar al poder en ayuntamientos y comunidades autónomas?, o ¿mantener la independencia con respecto al PSOE e insistir en convertirse en la fuerza hegemónica de la izquierda?

UPyD

Unión Progreso y Democracia hizo su entrada masiva en la política española en las elecciones locales y autonómicas de mayo de 2011. Entonces cosechó más de 465.000 votos y 152 concejales en toda España. En las elecciones generales de noviembre de 2011, la explosión le proporcionó a esta formación 1,1 millones de votos y cinco escaños en el Congreso, donde desde 2008 solo estaba representada Rosa Díaz como diputada.

Pero el verdadero despegue ha venido después, de mano de las encuestas. Según GESOP llegaría hasta los 29 diputados; GAD 3 les da 21 escaños; SIGMA DOS habla del 10,4%; Metroscopia habla de 11 escaños y el 7,1%; y el CIS del 7,7%. Son unos resultados excelentes comparados con lo conseguido en las elecciones de 2011, pero al igual que ocurre con IU, estas cifras no crecen.

Los datos del barómetro del CIS son sólo un 0,4% más que en octubre de hace un año. Es decir, según el CIS, UPyD está estancada. Sus votantes son los mismos que hace un año, al menos en número. Además, si se mide la intención de voto directa, es decir cuando se pregunta al encuestado directamente por qué partido va a votar y cuál es el que mayor simpatía le despierta, UPyD baja hasta el 6%.  Esta tendencia se ha visto confirmada por la encuesta de Metroscopia publicada por El País el pasado 1 de diciembre, en la que UPyD conseguiría el 7,1%, con una participación estimada del 65%. En el pasado mes de agosto, y con una participación estimada del 52%, Metroscopia daba una intención de voto a UPyD del 11,8%, casi cinco puntos más que cuatro meses más tarde. GESOP, por su parte, presenta en diciembre una intención de voto con hasta cuatro escaños menos que con respecto al barómetro de julio.

Ante el estancamiento en las encuestas de UPyD, la caída del PP hace de este partido una cantera excelente de donde atraer votos, sobre todo el sector más moderado que podría verse espantado por las últimas leyes ultraconservadoras aprobadas por el Gobierno de Rajoy. No dejan de ser votantes del PP, por lo que para atraerlos, UPyD debe asumir algunos aspectos de su discurso para que se sientan cómodos. Los temas que ha elegido el partido magenta ya están en el ADN de UPyD desde su nacimiento: la defensa de la unidad de España frente al soberanismo catalán y vasco, y dureza en la cuestión de ETA.

Rosa Díez anunció en el II Congreso de UPyD celebrado hace un par de meses que su partido estaba listo para gobernar. Se refería claramente a la posibilidad que le dan los números para elegir el color de gran cantidad de próximos gobiernos municipales y regionales en todo el país. La pregunta es, ¿con quién pactará? La lucha por atraer votantes del PP le enemista claramente con este partido, ya que compiten por el mismo electorado. Por otro lado, si finalmente UPyD se ve nutrido de un gran número de ex electores del PP, esto le obliga a mantener unas posiciones conservadoras difícilmente compatibles con pactos electorales con la izquierda.  

UPyD se enfrenta en 2014 a la cuestión fundamental de su identidad. Para crecer necesita pescar en el caladero de votantes del PP, y para ello debe adecuar su discurso adoptando un contenido más conservador. Por otro lado, se abre la puerta para su participación en diferentes gobiernos locales y autonómicos (incluso a nivel nacional) y tendrá que decidir qué orientación dar al partido de cara a futuros pactos: de centro pero ¿derecha o izquierda?.

Articulo de Michael Neudecker, columinista del Blog Ssociologos

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