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Información del autor

. Doctora en Sociología (Premio extraordinario 2003) y Profesora de sociología urbana de la UCM. Coordinadora del master Sociología de la Población, el Territorio y las Migraciones. Pertenece a grupos de investigación como GEPS y GISMAT y al grupo de Estudios de la Infancia y la Adolescencia (GSIA). Trabajó en la administración local durante más de diez años. Ha publicado artículos sobre las dimensiones culturales de la ciudad y la integración, identidad urbana, regeneración urbana, marketing urbano, segregación socioespacial, vivienda, infancia y ciudad, etc. Publicaciones en: http://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=1771183

La paradoja del discurso político de la inevitabilidad de los recortes

“—Cuando yo uso una palabra —dijo (Humpty Dumpty) en un tono bastante desdeñoso— significa lo que yo decido que signifique, ni más ni menos.
—La cuestión es —dijo Alicia— si usted puede hacer que las palabras signifiquen cosas tan diferentes
—La cuestión es —dijo Humpty Dumpty— saber quién es el amo, eso es todo”

Lewis Carrol, Alicia a través del espejo

En la actualidad y en el ámbito de la política, se escucha por doquier la palabra “inevitable”, es un adjetivo que circula y domina la esfera pública.  Los recortes, la política de austeridad, las restricciones, la reducción del sistema de bienestar, etc. son inevitables, dirían nuestros políticos.  Parece que asistimos a una fuerte implantación del discurso de la inevitabilidad y ello conlleva una serie de consecuencias.  Quien domina el discurso público, domina la esfera de lo futurible.  Y es que:

“El poder se ejerce, cada vez más en la actualidad, a través del discurso (VAN DIJK, 2010;CASTELLS, 2009). Por ello, puede decirse que quien detenta el dominio discursivo, a través del dominio del discurso público sobre todo y sus diversas herramientas (medios de comunicación, educación, eslógans, imágenes, etc.), puede condicionar el pensamiento del resto y provocar influencia sobre sus acciones futuras (VAN DIJK, 2010; CASTELLS, 2009).” (Dominguez Pérez 2013).

Ejemplos:

Profesores del IESE ven inevitables los recortes. 2011

Economistas de diferente ámbitos defienden la austeridad.  2013

Mario vargas llosa dice que los recortes en cultura son inevitables 2012

Recortes en sanidad inevitables. 2012

Inevitables ajustes. reducir lo publico.  2012

El modelo no se sostiene 2011

Estos argumentos sobre la inevitabilidad esgrimidos en el caso español son los mismos que la derecha enuncia en diferentes realidades sociales.  Por ejemplo, Cameron en Inglaterra enuncia en su discurso algo similar o también en el nivel local en el caso de Kings´ Cross del centro de Londres para legitimar la gentrificación del barrio justificándolo ante la población residente para desmovilizarla (Domínguez Pérez 2013).

recortes

Y es que el concepto de inevitable alude a la inmovilidad“Inevitable. adj. Que no se puede evitar”(DRAE).  Además lo hace refiriéndose a lo impersonal. En este sentido, la responsabilidad no es de nadie, la situación no depende de nadie. De cualquier modo, la responsabilidad no es nuestra (de quien lo dice).   Por tanto, el discurso de la inevitabilidad es un discurso que despersonaliza.  Los “inevitables” recortes no serían provocados por quien los anuncia, sino porque no se puede hacer otra cosa, porque hay fuerzas externas que llevan a ello. Uno se eximiría así de toda responsabilidad, “echando la culpa a otro/s”.

Por otro lado, “inevitable” alude a  inmovilizar, desmovilizar, etc.  La palabra induce a que se piense que nada se puede hacer, que no merece la pena porque caerá  por su propio peso. Los recortes, según algunos políticos, son “inevitables”.  La serie lógica es como sigue: hagamos lo que hagamos, nada cambiará -> Luego, para qué hacer nada -> Luego, nada pasa porque nadie hace nada = No hay resistencias.  Nadie es responsable, son fuerzas externas, ajenas, exteriores.  Nada se puede hacer.  Luego, para qué hacer nada.  Se busca por tanto la desmovilización para que todo permanezca como está y no se organicen fuerzas discordantes.  Para que el devenir no encuentre obstáculos.

Por ejemplo y como comparación, en las encuestas del CIS no se pregunta sobre la aceptación de la inevitabilidad de los recortes, por lo que no se tiene información al respecto, pero sí por ejemplo, por la asunción de que las diferencias sociales son inevitables.  La mayor parte de la población está de acuerdo en que éstas son inevitables (56% muy de acuerdo o de acuerdo) (Estudio nº 2.990. CIS Barómetro de junio Junio 2013 ).   Algo asumido y contra lo que la sociedad no se manifiesta ni moviliza.  Se trata de un discurso desmovilizador, mantenedor de una realidad establecida que interesa conservar al sistema.

Las medidas de austeridad tomadas por España serían así “inevitables”, según los políticos y para corroborarlo (como en el caso de las clásicas estrategias de marketing), se recurre a figuras de prestigio, documentadas, conocedoras del tema, para justificar que “no se puede hacer otra cosa”. Profesores de prestigio las consideran como inevitables y la misma Alemania, que aparece como modelo de desarrollo; en otras áreas como la cultura, literatos de renombre contemplan los recortes como inevitables. Se busca que toda la comunidad y determinadas figuras de prestigio defiendan lo inevitable de las opciones propuestas; luego, será que debe ser así.

Sin embargo también aparecen voces disonantes que desde el otro lado denuncian las medidas “inevitables”. Estas, según otros, están frenando el crecimiento y aumentan el desempleo, y no son tan necesarias ni aconsejables como parece ser defendido y van en contra del Estado del Bienestar y las cotas conquistadas después de mucho tiempo y luchas. Así el FMI desaconsejó recientemente los recortes como contraproducentes, un grupo de economistas se ha posicionado en contra de las actuales políticas de austeridad en el caso de las pensiones justificando que es una decisión política y no técnica (e inevitable), y también aparecen otras voces que propugnan el crecimiento y el gasto y no la austeridad para salir de la crisis.  Pero contra estas voces, se refuerza el discurso de la “inevitabilidad”.

El FMI reconoce como un “error” recetar austeridad porque perjudicó al crecimiento y empleo

Alternativa a los expertos: La sostenibilidad de las pensiones, problema político, no económico

Por último, recortar y disminuir el estado del bienestar es hacer política y es una decisión que en aras de la “inevitabilidad” se está legitimando discursivamente, eximiendo de responsabilidades a sus defensores por un lado, y por otro, fomentando la desmovilización colectiva como mecanismo ideológico de control. Pero puede decirse que aludir a la “inevitabilidad” es una opción política, que es ya un “hacer”, aunque sea no hacer nada porque nada se puede hacer por intentar algo diferente, por hacer “otra política”. “No hacer” es, de cualquier modo, “hacer algo”, es tomar una opción y es una opción política.  Luego si ser político es elegir entre opciones para conseguir un objetivo último (DRAE y Diccionario ideológico de la lengua española de Julio Casares), si se elige no hacer nada porque no se puede; “no hacer otro tipo de politica”, es también hacer política y por tanto es responsabilidad de quien lo hace y quien lo defiende.  Pueden exigirse responsabilidades por tanto.

Referencias:

Artículo de Marta Domínguez Pérez, como columnista del Blog Ssociólogos. 

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2 comentarios en “La paradoja del discurso político de la inevitabilidad de los recortes”

  1. Borja Seises 23/01/2014 a 11:33 AM #

    Desde luego. ¿Por qué utilizan los políticos y “expertos” la palabra “inevitable”? porque funciona, y ¿por qué funciona? porque después no nos molestamos en comprobar si lo que dicen es cierto. Nos quedamos siempre en lo superficial de la noticia, en el titular, pero no profundizamos. “Hacen falta recortes porque la deuda es inmensa” bien, pero pocos son los que después preguntan ¿y por qué es inmensa? o ¿por qué de estar en la champions league de la economía un día, hemos pasado en un abrir y cerrar de ojos a no poder pagar ni los servicios más básicos?

    En fin, el poder de las palabras que tan bien conocen nuestros políticos, poder que, por supuesto, le damos nosotros al no preocuparnos de informarnos como debemos.

    Saludos.

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