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Blog de Sociología y Actualidad. 3º Mejor Blog de Actualidad del 2012

El “Techo De Cristal” como Instrumento que visibiliza la construcción científica desde el sesgo de género – Parte 2

En mi texto anterior(para ver aquí) mencionaba que hay innumerables factores que buscan mantener a la mujer dentro del “Techo de Cristal”, la manera en que se llama al límite invisible que la sociedad, la cultura y la familia encubren en torno a una carrera profesional femenina, lo que permite a la mujer tener todos los estudios que quiera, pero sin que a éstos se les dé valor o a la mujer la merecida capacidad y derecho a desarrollarse. Ahora sigo adelante con las aportaciones de otros autores al respecto.

techo-de-cristal-2

En el caso de la cultura, como señala Elsa Cross, “de una etapa matriarcal primitiva se paso a un tipo de organización patriarcal”[1], de manera que la Biblia resulta “la versión censurada de la mitología hebrea”,[2] según indica Robert Graves, dado que “suprimió toda mención a Diosas que fueron adoradas por el pueblo judío arcaico, como Asserá, Anat y la fenicia Astarté. En ocasiones Asserá aparecería como esposa de Yaveh”[3]. La desaparición de la figura femenina de la posición privilegiada de divinidad, desembocará en diferentes expresiones de subordinación para las mujeres, sustentadas por esta cultura a que es preciso revisar y descubrir en sus orígenes, como fundante de la esencia humana dividida dicotómica y excuyentemente entre hombres y mujeres.

 Pues como Elsa Cross nos advierte:

“Una cultura organizada en torno a las deidades femeninas … representaba(n) un culto a la tierra y la naturaleza, de la cual el hombre era parte, no su dueño, se sucedió el esquema de sociedades y cultos presididos por figuras masculinas, solares, dominadoras, en las que se observaban estructuras políticas y sociales orientadas a la guerra, la conquista y el saqueo – Aquí el hombre no se siente parte de la naturaleza, sino su dueño, con derecho a destruir y tomar posesión de todo-”[4].

Cuando referí que la cultura era incuestionada, pero que emitía mandatos en forma de estereotipos condenando a la subordinación a las mujeres, estoy abonando por la vigencia de su revisión, para ello, no solo la etapa de los clásicos puede ser visibilizada, sino además podemos revisar el recurso de la brujería, fenómeno que conviene exponer  advirtiendo su largo periodo de vigencia, dado que:

Durante varios siglos las cárceles, las torturas y las hogueras de la inquisición fueron el precio que tuvieron que pagar muchas mujeres más inteligentes o idependientes que el resto.  Lo que resultaba más intolerante… era su independencia mental y económica, y el desafío que esto representaba par el orden social establecido y para el control de la Iglesia.[5]

Elsa Cross

Estos son los argumentos con que se han gestado los denominados estereotipos sociales, que han construido en torno al ejercicio del poder de las mujeres el “techo de cristal”, y que se formula mediante imperativos expresados en mandatos, introyectados o impuestos, tales como “las mujeres temen ocupar posiciones de poder”, “a las mujeres no les interesa ocupar puestos de responsabilidad” o “las mujeres no pueden afrontar situaciones difíciles que requieren actitudes de autoridad y poder”.[6]  A propósito de la dicotomía sexista que discrimina en función del género y limita la libertad humana, Beth Seeling indica que “Las mujeres que desean ocupar puestos hasta ahora catalogados como típicamente masculinos deben enfrentar el doble de exigencias que sus pares varones, soportar un mayor escrutinio de sus vidas privadas”.[7]

 Es muy importante para entender el estado del arte de la discusión del Techo de cristal, revisar el concepto de esencialismo, en donde se afincan, de manera “esencial” y por ello una vez mas incuestionable e inamovible, roles, impuestos socialmente sobre las mujeres, el Instituto de la Mujer Oaxaqueña, en el texto antes referido, en su capítulo “¡Qué es la perspectiva de género?, nos responde:

Se exaltan en ella valores que le son atribuidos cual si respondieran a una escencia inmutable, por ejemplo, la honestidad, la solidaridad, la capacidad para tener en cuenta el punto de vista del otro, la falta del egoísmo, el altruísmo, etc. Se critica con dureza, en cambio, la demanda de equidad en la consideración jurídica, social y política de mujeres y de hombres, así como la posibilidad de cuestionar con radicalidad los supuestos de identidad de género en boga. Pese a las apariencias, los discursos que hablan de la superioridad moral de las mujeres no aportan nada a una política democrática sustentada en el ideal de justicia.[8]

Por otra parte, igualmente con referencia tema, Celia Amorós, nos comenta en  su capítulo “Del techo de cristal a los zapatitos de vidrio”, sobre la condición de una igualdad aparente en la que las mujeres pueden acceder al poder, pero que al ejercerlo se acude a una crítica muy común, de que lo ejercen como los hombres, crítica que  refuta advirtiendo que “Estamos a mil leguas, una vez hemos logrado el acceso a algún poder, de estar en condiciones de ejercerlo como nuestros colegas varones lo hacen.”[9] Puesto que las exigencias a que las mujeres enfrentan en la práxis,  vinculadas con el constructo social del rol de género, que inicia -como sabemos- como algo lúdico, casi sutil, mediante los juegos de la infancia, no es sino una clara advertencia de lo que socialmente será permitido y motivo de aprobación y hasta reconocimiento social, mientras que su opuesto simplemente no está permitido.

Amelia, además nos advierte:

“Por ejemplo los votos monásticos de pobreza, castidad y obediencia … son requeridos … a las mujeres  como parte ineludible del ritual iniciático de acceso al ámbito del poder público, … deberán atenerse a ellos durante todo su desempeño de la forma más estricta… esos votos feminizados de los eclesiásiticos, que justifican al parecer su poder no mundano, curiosamente se convierten en los requisitos iniciáticos para las mujeres que quieren “masculinizarse”, es decir, ejercer poder en este mundo.[10]

Amelia Valcarcel

Esta restricción, es la que se convierte en el “techo de cristal” para las mujeres, es rasgo aparentemente sutil, pero cuyas consecuencias para las mujeres no son sutiles. Por que ven transcurrir su vida sobrecargadas de exigencias, introyectadas y externas, que les ubican en un sitio que no es coherente con su nivel de preparación, es frecuente que las mujeres aún con altos niveles de preparación se encuentren subordinadas a jefes hombres, y cuyos niveles de preparación son inferiores, y para quienes no se aplican estas exigencias sociales, porque efectivamente, como recordamos los roles de género antes mencionados y que son asignados socialmente, “lúdica y sutilmente” desde la infancia, han introyectado en la construcción masculina que es al hombre a quien sí le es dado tracender el cerco familiar mientras que  la mujer no debe trascender dicho cerco.

Para evidenciar más la exclusión y segregación con que opera la sociedad actual en las relaciones entre ambos sexos, podemos revisar las diferentes áreas del conocimiento a que hemos referido al inicio, entre ellas la arqueología.

La sociedad de Arqueología de Estados Unidos, hizo un censo de las personas que se dedicaban a esta especialidad.  En el ámbito universitario, el 51% de los estudiantes … eran mujeres. Dentro del grupo de licenciados también constituían una ligera mayoría… en algunas universidades las mujeres realizaban el 70% de los estudios de doctorados en la materia… No obstante en contraste…. Es mas fácil que las mujeres ocupen puestos de trabajo en sectores menos prestigiosos … Y casi todos los peces gordos son con diferencia hombres.  Un ejemplo clásico de ello es que … la Sociedad de Arqueología de Estados Unidos ha estado presidida por sesenta y un individuos, de los cuales sólo cinco han sido mujeres.[11]

Para las arqueólogas que hemos citado, es necesario revisar la construcción de género de las sociedades, cuyas “sutiles imposiciones” se han refugiado al calor de las normas sociales,  normas religiosas y también del quehacer científico. El propósito de este trabajo es sumarnos desde una interdisciplinariedad a la revisión de la construcción de género imperante, para visibilizar este fenómeno, conviniendo con las antropólogas en que:

El género… es un valor cultural que los seres humanos han impuesto por encima de las diferencias biológicas. Se presuponía que cada categoría debía llevar a cabo ciertas obligaciones y responsabilidades; cada una tenía un modo adecuado de actuar, sentir y ser. En el pasado remoto, no hay manera irrefutable de determinar los valores de género. Pero los papeles que desempeñaban cada uno resultan prácticamente invisibles.[12]

IF

Cabe definir el concepto de género como “un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias que distinguen los sexos y el género es una forma primaria de relaciones significantes de poder”. (Scott, 1996: 289). [13] Esta cita es extraída el trabajo del Instituto de la Mujer Oaxaqueña[14]

Hay tres diferentes posturas que buscan justificar la permanencia de las mujeres en la inmanencia, es decir, reduciendo su libertad a un cerco privado y en estado de subordinación:

  • Hipótesis Biologicista: Las causas de la subordonación social de las mujeres … se explica por la “inferioridad biológica”.
  • Hipótesis Historicista: Engels sostenía que las mujeres comenzaron a ser dominadas por los hombres al resultar el surgimiento de la propiedad privada y, … con el fin de la misma, terminaría la dominación masculina.
  • Hipótesis culturalista: Ortner se centra en explicar en qué forma se organiza la cultura humana, en tanto orden simbólico, la asociación imaginaria de las mujeres con la naturaleza… lleva a la estructuración diversa de sistemas de dominación patriarcal.[15]

Pero han sido cuestionadas desde el surgimiento del feminismo, por antropólogas como Gale Rubin, prestigiosa feminista, quien en 1975, en su texto El tráfico de mujeres: notas sobre la economía política del sexo, es la primera en observar que “la idea de que el sexo de las personas es un fenómeno biológico sobre el que las sociedades construyen, a partir de categorías y otros elementos simbólicos, es decir, propiamente “culturales”, una cierta interpretación …  que se monta sobre los cuerpos reales y que le asigna valores y significados que no existen por sí mismos, da lugar a los “géneros” de las personas. Esta es una cita tomada del texo del Instituto de la Mujer Oaxaqueña.[16]

De este modo, en la antropología feminista, el género es el conjunto de actitudes, preferencias, roles, capacidades, caracteres, propios de mujeres y hombres. Por su parte el sexo es el conjunto de características biológicas que diferencian a los machos de las hembras … El género es entendido como la construcción o interpretación cultural de la diferencia sexual. Y es una herramienta teórica que explica el porqué de la subordinación social de las mujeres.[17]

Es muy importante desmontar los conceptos escencialistas sobre las mujeres, por que forman parte de un discurso patriarcal, que emiten los hombres como parte del “techo de cristal” a que las mujeres se sujetan en su desarrollo profesional y en su autodesignación o ejercicio de su libertad, que actualmente ha sido abordadas desde diferentes olas del feminismo, pero específicamente por la prestigiosa feminista universitaria Dra. Marcela Lagarde, para quien, en su obra Los cautiverios de las mujeres: madresposas, putas, monjas, presas y locas, nos dice:

La feminidad significa para las mujeres tener como contenido de vida y como identidad, ser de y para otros, en condiciones de servidumbre voluntaria, dependencia vital y sujeción subordinada al poder; significa vivir marcadas por la irracionalidad, la ignorancia; significa también vivir en la inferiorización, bajo diversas formas de discriminación, maltrato y violencia, ejercidas por los otros, y por las instituciones en todas las relaciones sociales.[18]

Marcela Lagarde

Desde esta imposición de género, entonces, las mujeres están obligadas, si desean vivir siendo validadas desde el género masculino, con quien se deben definir por oposición, a regalar su trabajo. El trabajo no reconocido y no remunerado es la esclavitud que opera como  “techo de cristal” a que las mujeres enfrentan y se encuentra primero en el cerco familiar, que constriñe a una condición no solo de subordinación sino de esclavitud, a la donación de su propia vida y sus años productivos, sin obtener fructificación alguna mas allá del reconocimiento y aprobación social que se expresa pobremente en festividades fruto de una invención del Universal y Sears en oposición al primer congreso feminista en Yucatán en México, donde se exigía el derecho a la interrrupción del embarazo y métodos de control de natalidad desde los años cincuentas.

Es importante señalar de que manera incide en la vida de las mujeres la ruptura del “techo de cristal”, que deciden a contracorriente interpelar las imposiciones sociales y culturales, los esencialismos dogmáticos que encuentran amplio sustento en la religión Católica, que funciona también introyectando roles de género de sumisión y subordinación a las mujeres, así como interviniendo en su derecho a auto designarse así como libremente construir sus conocimientos sobre su derecho al placer y al conocimiento en torno a su cuerpo y los métodos anticonceptivos, que son fundamentales para abrir espacios distintos de la procreación y orientados al aprendizaje y desarrollo profesional. Para Valcárcel:

Cualquiera que observe la mirada de las mujeres de treinta años, pasada ya la adolescencia y sus entretenimiento sentimentales, no podrá dejar de percibir chispas. Algo late ahí que se está condensando. Demasiada deflación de espectativas sobre unas voluntades que han vivido convencidas de ser individuos y que encuentran muchas más barreras para obtener sus fines.[19]

Celia Amorós dialoga con Amelia Valcárcel, en su artículo Del techo de cristal a los zapatitos de vidrio,donde habla de un privilegio escamoteado a las mujeres que es “el genio” entendiendo por genio el talento, o el ingenio. De éste nos dice que una vez más está esencializado, estereotipado, obedece a hetero designaciones, cuando se habla del ingenio de las mujeres, no se hace sino a nivel de “genio  colectivo nacional, las mujeres de cada patria, son sumamente parecidas entre sí: las más decentes, las más dignas, las más autenticamente apasionadas”[20] Entiendase pasión como pasividad, como lo que se padece.

De manera que el ingenio de las mujeres se ve reservado en un constructo cultural y social para ese esteretotipo, en donde la mujer “vale para el otro” o por que es “el ser del otro”, es decir, la mujer por un constructo social de género no se auto determina, sino que se ve hetero determinada o determinada desde fuera, como nos dice Celia Amorós:

“La heterodesignación contamina, en ese caso neutralizándola o anulándola, toda posible humanidad. Estamos así, en la subhumanidad, en consonancia con la cual está la prescripción de heteronomía frente a la autonomía, las normas de buen comportamiento aparente en función del honor de otro frente a la subjetividad auténtica y autónoma, que constituyen … la quintaesencia de lo humano.”[21]

Celia Amorós

Para descifrar el origen del llamado “techo de cristal” y hacerlo visible, es muy útil observar el trabajo de Marcela Lagarde, titulado Metodologías feministas para la Formación de Mujeres Lideresas. Allí, en el subtema La organización social patriarcal, Lagarde observa la construcción de género de un “contrato social (donde) las mujeres son las pactadas”[22] y nos aclara igualmente que:

Sociedades premodernas se caracterizan por un trato injusto y discriminatorio a las mujeres, en ellas lospodere políticos, civiles, religiosos, militares, familiares, clanicos personales e institucionales son totales sobre las mujeres.[23]

Este proceso tuvo su modificación durante el siglo XX y XXI y sin embargo, “continúan los mecanismos opresivos sobre las mujeres tale como la expropiación”[24]Como dialoga Marcela Lagarde con Teresita de Barbieri, en el mismo texto,  definiendo la expropiación a las mujeres que se extiende “al trabajo al no considerarlo trabajo”[25]. Donde igualmente nos señala:

“Al naturalizar las acciones de las mujeres y no considerarlas producto de un esfuerzo vital humano, se produce la invisibilidad del trabajo y de las mujeres mismas como sujeto creador, hasta lograr que la sociedad no las considere trabajo ni como actos creativos,y no les de el tratamiento económico y social que le da a otros trabajos y actividades.”

Finalmente, me parece muy importante desactivar el “Techo de Cristal” en el desarrollo de las carreras de mujeres científicas mediante la validación del “Superyó” nietzscheano en código femenino. Al desmontar del constructo de género femenino la subordinación y la sumisión como introyecciones socioculturales enraizadas desde los dogmas católicos.

Es importante desactivar la eficacia del “techo de cristal”  en la carrera de las mujeres de ciencia, aportando herramientas a la construcción de la subjetividad femenina para interpelar al discurso culpígeno y sexista católico que les introyecta el imperativo de inmanencia en el cerco doméstico.

Con esto termino. Y hasta que volvamos a vernos, les pido que no se olviden que una vida sin filosofía no vale la pena ser vivida.

 Fuente: http://hablemosdefilosofia.wordpress.com

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